domingo, 22 de mayo de 2016

Papa Francisco y las diaconisas en la Iglesia católica: entre feminismo y clericalismo pasando por una pregunta seria


Quien lee la Biblia, concretamente la carta de Pablo a los romanos (16, 1) se encuentra con que hay una referencia un tanto particular: san Pablo recomienda a Febe a quien define como «diaconisa» de la iglesia en Cencreas. Pero, ¿no es el diaconado uno de los tres grados del único sacramento del orden que sólo los varones pueden recibir en la Iglesia católica?

Fue en el encuentro que Papa Francisco tuvo con cientos de monjas de la Unión Internacional de Superioras Generales, el pasado 12 de mayo de 2016, en el que una de ellas le preguntó:
«En la Iglesia existe el oficio del diaconado permanente, pero está abierto sólo a los hombres, casados o solteros. ¿Qué impide a la Iglesia incluir mujeres entre los diáconos permanentes, al igual que ocurría en la Iglesia primitiva? ¿Por qué no crear una comisión oficial que pueda estudiar el tema?».
Evidentemente la pregunta entroncaba con ese pasaje de las cartas paolinas arriba citado pero que encuentra un cierto soporte en la literatura cristiana de los primeros siglos.

El no claro papel del diaconado femenino en la antigüedad 

Ya el mismo Francisco dijo que el Concilio de Calcedonia del año 451 hacía una no clara alusión a ellas. Y en otra parte de su respuesta explica que no hay tampoco claridad en torno a quiénes eran, qué exactamente hacían y si estaban o no «ordenadas», en el sentido sacramental del término.

Epifanio de Salamina (315-403 aprox.) habla de funciones atribuidas a mujeres durante el bautismo administrado a las catecúmenas. Las Constituciones Apostólicas (s. IV), una especie de manual sobre disciplina, doctrina y culto, ofrecen indicaciones específicas relacionadas con las funciones de la mujer.

sábado, 21 de mayo de 2016

El ministerio de las diaconisas en la Iglesia católica


A raíz de una pregunta formulada por una monja el pasado 12 de mayo en el Vaticano, Papa Francisco decidió promover la creación de una comisión que estudie el ministerio de las así llamadas diaconisas, en la Iglesia católica de los primeros siglos.

Ya en el quinquenio 1992-1997 la Comisión Teológica Internacional dedicó sus esfuerzos a la comprensión de este tema. Por su interés y actualidad reproducimos aquí lo que el documento fruto de esos cinco años de trabajo ("Diaconado: evolución y perspectivas"), en el capítulo II, sección 4, dice sobre el ministerio de las diaconisas:

***
4. El ministerio de las diaconisas

En la época apostólica, diversas formas de asistencia diaconal tanto respecto a los apóstoles como a las comunidades ejercidas por mujeres parecen tener un carácter institucional. Es así como Pablo recomienda a la comunidad de Roma «a Febe, nuestra hermana, diaconisa (he diakonos) de la Iglesia de Cencreas» (cf. Rom 16,1-4). Aunque es utilizada aquí la forma masculina de diakonos, no se puede concluir que ésta designe ya la función específica del «diácono»; de una parte, porque en este contexto diakonos significa aún en sentido muy general servidor y, de otra parte, porque la palabra «servidor» no posee un sufijo femenino, sino que posee un artículo femenino. Lo que parece seguro es que Febe ejerció un servicio en la comunidad de Cencreas, reconocido y subordinado al ministerio del Apóstol. En otras partes, en Pablo, a las mismas autoridades del mundo se las denomina diakonos (Rom 13,4) y, en 2 Cor 11,14-15, se trata de diakonoi del diablo.

Los exegetas están divididos a propósito de 1 Tim 3,11. La mención de las «mujeres» a continuación de los diáconos puede hacer pensar en las mujeres-diáconos (la misma presentación por «igualmente») o bien en las esposas de los diáconos, de quienes se ha hablado más arriba. En esta carta, las funciones del diácono no son descritas, sino solamente las condiciones de su admisión. Se dice que las mujeres no deben enseñar ni dirigir a los hombres (1 Tim 2,8-15). Pero las funciones de dirección y de enseñanza están, de todas formas, reservadas al obispo (1 Tim 3,5) y a los presbíteros (1 Tim 5,17), no a los diáconos. Las viudas constituyen un grupo reconocido en la comunidad, de quien ellas reciben asistencia a cambio de su compromiso de continencia y de oración. 1 Tina 5,3-16 insiste en las condiciones de su inscripción en la lista de viudas socorridas por la comunidad y no dice nada a propósito de sus funciones eventuales. Más tarde, serán oficialmente «instituidas», pero no «ordenadas» [58] ; constituirán un «orden» en la Iglesia[59] y no tendrán jamás otra misión que la del buen ejemplo y la oración.

En el comienzo del siglo II, una carta de Plinio el joven, gobernador de Bitinia, menciona a dos mujeres, designadas por los cristianos como ministrae, equivalente probable del griego diakonoi (X 96-97). Y será a partir del siglo III cuando aparezcan los términos específicamente cristianos de diaconissa o diacona.

En efecto, a partir del siglo III, en ciertas regiones de la Iglesia [60] —no en todas— se atestigua un ministerio eclesial específico atribuido a las mujeres llamadas diaconisas [61]. Se trata de Siria oriental y de Constantinopla. Hacia el 240 aparece una compilación canónico-litúrgica singular, la Didascalia de los Apóstoles, que no tiene carácter oficial. El obispo posee en ella las características de un patriarca bíblico omnipotente (cf. DA 2, 33-35, 3). Él es la cabeza de una comunidad pequeña, a la que dirige sobre todo con la ayuda de diáconos y diaconisas. Estas últimas aparecen aquí por primera vez en un documento eclesiástico. Según una tipología tomada de Ignacio de Antioquía, el obispo ocupa el lugar de Dios Padre, el diácono el lugar de Cristo y la diaconisa el del Espíritu Santo (palabra del género femenino en las lenguas semíticas), mientras que los presbíteros (poco mencionados) representan a los Apóstoles y las viudas al altar (DA 2, 26, 4-7). No se trata en forma alguna de la ordenación de estos ministros.

La Didascalia pone el acento sobre la función caritativa del diácono y de la diaconisa. El ministerio de la diaconía tiene que aparecer como «una sola alma en dos cuerpos». Tiene por modelo la diaconía de Cristo que lavó los pies de sus discípulos (DA 3, 13, 1-7). No obstante, en cuanto a las funciones ejercidas, no existe paralelismo estricto entre las dos ramas del diaconado. Los diáconos han sido elegidos por el obispo para «ocuparse de muchas cosas necesarias», y las diaconisas solamente «para el servicio de las mujeres» (DA 3, 12, 1). Se desea que «el número de los diáconos sea proporcional al de la asamblea del pueblo de la Iglesia» (DA 3, 13, 1) [62] . Los diáconos administran los bienes de la comunidad en nombre del obispo. Al igual que el obispo, son sustentados con los bienes de la comunidad. Se dice de los diáconos que son el oído y la boca del obispo (DA 2, 44, 3-4). El fiel ha de pasar por ellos para acceder al obispo, lo mismo que las mujeres han de pasar por las diaconisas (DA 3, 12, 1-4). Un diácono vigila las entradas de la sala de reuniones mientras que otro asiste al obispo en la ofrenda eucarística (DA 2, 57, 6).

La diaconisa ha de proceder a la unción corporal de las mujeres en el momento del bautismo, instruir a las mujeres neófitas, visitar en sus casas a las mujeres creyentes y, sobre todo, a las enfermas. Le está prohibido conferir el bautismo como tal y desempeñar una función en la ofrenda eucarística (DA 3, 12, 1-4). Las diaconisas lograron ganar en importancia a las viudas. El obispo puede siempre instituir viudas, pero estas no deben ni enseñar ni administrar el bautismo (de las mujeres), sino solamente orar (DA 3, 5, 1-3, 6, 2).

Las Constituciones apostólicas, que aparecieron en Siria hacia el 380, utilizan e interpolan la Didascalia, la Didache e, igualmente, la Tradición apostólica. Tendrán una influencia perdurable en la disciplina de las ordenaciones en Oriente, aun cuando nunca fueron consideradas como una colección canónica oficial. El compilador prevé la imposición de manos junto con la epíclesis del Espíritu Santo no solo para los obispos, los presbíteros y los diáconos, sino también para las diaconisas, subdiáconos y lectores (cf. CA VIII, 16-23)[63]. La noción de klèros es ampliada a todos aquellos que ejercen un ministerio litúrgico, que son sustentados por la Iglesia y que gozan de los privilegios civiles que la legislación imperial otorgaba a los clérigos, de tal forma que las diaconisas forman parte del clero, mientras que las viudas son excluidas de él.

Obispo y presbíteros son respectivamente puestos en paralelismo con el sumo sacerdote y con los sacerdotes de la antigua Alianza, mientras que a los levitas les corresponden todos los otros ministerios y estados de vida: «diáconos, lectores, cantores, ostiarios, diaconisas, viudas, vírgenes y huérfanos» (CA II 26, 3. CA VIII 1, 21). Se coloca al diácono «al servicio del obispo y de los presbíteros» y no debe jamás usurpar las funciones de éstos[64]. El diácono puede proclamar el evangelio y dirigir la oración de la asamblea (CA II 57, 18), pero solo el obispo y los presbíteros pueden exhortar (CA II 57, 7). La entrada en función de las diaconisas se hace por una epithesis cheirôn o imposición de manos que confiere el Espíritu Santo[65], al igual que para el lector (CA VIII 20.22). El obispo dice la oración siguiente: «Dios eterno, Padre de nuestro Señor Jesucristo, creador del hombre y de la mujer, tú que llenaste de espíritu a Myriam, Débora, Ana y Hulda, que no has juzgado indigno que tu Hijo, el Unigénito, naciese de una mujer, tú que en la tienda del testimonio y en el templo has instituido guardianas para tus santas puertas, tú mismo mira ahora a esta tu sierva que está aquí presente, propuesta para el diaconado, otórgale el Espíritu Santo y purifícala de toda impureza de la carne y del espíritu para que pueda desempeñar dignamente el oficio que le ha sido confiado, para tu gloria y para la alabanza de tu Cristo, por quien a ti sean gloria y adoración en el Espíritu Santo por los siglos. Amen» [66].

Las diaconisas son nombradas antes del subdiácono, el cual ha recibido una cheirotonia como el diácono (CA VIII 21), mientras que las vírgenes y las viudas no pueden ser «ordenadas» (VIII 24, 25). Las Constituciones insisten para que las diaconisas no tengan ninguna función litúrgica (III, 9, 1-2), pero amplían sus funciones comunitarias de «servicio con las mujeres» (CA III 16, 1) y de intermediarias entre las mujeres y el obispo. Se ha dicho siempre que ellas representan al Espíritu Santo, pero «no hacen nada sin el diácono» (CA II 26, 6). Ellas han de estar en las entradas de las mujeres en las asambleas (II 57, 10). Sus funciones se resumen de esta forma: «La diaconisa no bendice y nada hace de lo que le corresponde hacer a los presbíteros y diáconos, pero guarda las puertas y asiste a los presbíteros en el bautismo de las mujeres a causa de la decencia» (CA VIII 28, 6).

A esta observación hace eco aquélla otra, casi contemporánea, de Epifanio de Salamina en el Panarion, hacia el 375: «Existe ciertamente en la Iglesia el orden de las diaconisas, pero no es para ejercer funciones sacerdotales, ni para confiarles alguna empresa, sino por la decencia del sexo femenino en el momento del bautismo» [67]. Una ley de Teodosio, del 21 de junio del 390, revocada el 23 de agosto siguiente, fijaba la edad de admisión al ministerio de las diaconisas a los 60 años. El concilio de Calcedonia (can. 15) la rebajaba a 40 años, prohibiéndoles el matrimonio subsiguiente [68].

Ya en el siglo IV, la forma de vida de las diaconisas se aproxima al de las mujeres que viven en monasterios (monjas). Se llama, en esa época, diaconisa a la responsable de una comunidad monástica de mujeres, como da testimonio de ello, entre otros, Gregorio de Nisa[69]. Ordenadas abadesas de monasterios femeninos, las diaconisas portan el maforion o velo de perfección. Hasta el siglo VI, asisten aún a las mujeres en la piscina bautismal y para la unción. Aunque no sirven al altar, pueden no obstante distribuir la comunión a las mujeres enfermas. Cuando la práctica bautismal de la unción del cuerpo entero fue abandonada, las diaconisas no son sino vírgenes consagradas que han emitido el voto de castidad. Residen bien en los monasterios, bien en sus casas. La condición de admisión es la virginidad o la viudedad y su actividad consiste en la asistencia caritativa y sanitaria a las mujeres.

En Constantinopla, en el siglo IV, la más conocida de las diaconisas fue Olimpias, higoumene de un monasterio de mujeres, protegida de San Juan Crisóstomo, la cual puso todos sus bienes al servicio de la Iglesia. Fue «ordenada» (cheirotonein) diaconisa, por el patriarca, con tres de sus compañeras. El can. 15 de Calcedonia (451) parece confirmar el hecho de que las diaconisas son ciertamente «ordenadas» por la imposición de manos (cheirotonia). Su ministerio es llamado leitourgia y no les está permitido el contraer matrimonio después de la ordenación.

En el siglo VIII, en Bizancio, el obispo impone siempre las manos a la diaconisa y le confiere el orarion o estola (las dos franjas se colocaban delante, la una sobre la otra); le entrega el cáliz que ella coloca sobre el altar, pero sin darle a nadie la comunión. Es ordenada dentro de la liturgia eucarística, en el santuario, como los diáconos[70]. A pesar de la semejanza de los ritos de la ordenación, la diaconisa no tendrá acceso ni al altar ni a ningún ministerio litúrgico. Estas ordenaciones se orientan sobre todo a las higoumenes de los monasterios femeninos.
Es necesario precisar que, en Occidente, no se encuentra ninguna huella de diaconisas durante los cinco primeros siglos. Los Statuta Ecclesiae antiqua preveían que la instrucción de las mujeres catecúmenas y su preparación al bautismo fuesen confiadas a las viudas y a las monjas «elegidas ad ministerium baptizandarum mulierum [71]».

Algunos concilios de los siglos IV y V rechazan todo ministerium feminae [72] y prohíben toda ordenación de diaconisa [73]. Según el Ambrosiaster (en Roma, finales del siglo IV), el diaconado femenino era patrimonio de los herejes montanistas[74]. En el siglo VI, se designan a veces como diaconisas a las mujeres admitidas en el grupo de las viudas. Para evitar toda confusión, el concilio de Epaone prohíbe «las consagraciones de las viudas que se hacen llamar diaconisas» [75]. El concilio II de Orleans (533) decide apartar de la comunión a aquellas mujeres que hubiesen «recibido la bendición del diaconado, a pesar de las prohibiciones de los cánones, y que se hubiesen casado de nuevo» [76]. Se denominaban también diaconissae las abadesas o las esposas de los diáconos, por analogía con las presbyterissae e incluso con las episcopissae [77].

La presente panorámica histórica nos permite constatar que ha existido ciertamente un ministerio de diaconisas, que se desarrolló de forma desigual en las diversas partes de la Iglesia. Parece claro que este ministerio no fue considerado como el simple equivalente femenino del diaconado masculino. Se trata al menos, sin embargo, de una verdadera función eclesial ejercida por mujeres, mencionada a veces antes de la del subdiaconado en la lista de los ministerios de la Iglesia [78]. ¿Era este ministerio conferido por una imposición de manos comparable a aquella, por la que eran conferidos el episcopado, el presbiterado y el diaconado masculino? El texto de las Constituciones apostólicas dejaría pensar en ello; pero se trata de un testimonio casi único y su interpretación está sometida a intensas discusiones [79].
¿La imposición de manos sobre las diaconisas debe asimilarse a la hecha sobre los diáconos, o se encuentra más bien en la línea de la imposición de manos hecha sobre el subdiácono y el lector? Es difícil zanjar la cuestión a partir únicamente de los datos históricos. En los capítulos siguientes se clarificarán algunos elementos y algunas cuestiones permanecerán abiertas. Particularmente, se consagrará un capítulo a examinar más de cerca cómo la Iglesia, a través de su teología y de su magisterio, ha tomado conciencia de la realidad sacramental del orden y de sus tres grados. Pero antes conviene examinar las causas que han conducido a la desaparición del diaconado permanente en la vida de la Iglesia.

martes, 17 de mayo de 2016

Asistir a misa favorece la salud, dice estudio realizado en Harvard


¿Asistes a misa con regularidad? Entonces tiene un 33% menos riesgo de fallecer en comparación con aquellas personas que no asisten a la iglesia. Este es uno de los datos más destacados del estudio publicado en «Jama Internal Medicine» por un grupo de cuatro científicos de la Harvard Chan School of Public.

El estudio «Association of Religious Service Attendance With Mortality Among Women» («Asociación de asistencia a servicios religiosos con la mortalidad entre mujeres») relacionó los datos disponibles sobre asistencia a servicios religiosos y mortalidad entre mujeres. Se asociaron las estadísticas que se tenían desde 1992 a 2012 entre 74,534 mujeres, considerando también otros factores demográficos, antecedentes clínicos y estilos de vida.

La investigación muestra que las mujeres que acuden a la iglesia al menos una vez a la semana tienen 27% menos riesgo de muerte asociada a enfermedades cardiovasculares y 21% menos riesgo de muerte relacionadas con el cáncer.

La conclusión del estudio es contundente: la asistencia frecuente a servicios religiosos (como la misa) está asociado con un riesgo significativamente menor con la muerte. «La religión y la espiritualidad está siendo un recurso poco apreciado que los médicos deberían explorar con sus pacientes», remata la investigación.

sábado, 7 de mayo de 2016

Compartir información sin comprobar su veracidad


Traigo aquí un interesante artículo de la Deutsche Welle acerca del peligro que supone dar credibilidad a ciertas publicaciones presentadas como noticias. El fenómeno cada vez está más masificado:

***

El peligro de la información falsa en las redes sociales

Preocupación causa una tendencia creciente en las redes sociales a compartir información que resulta ser falsa. Todo porque no se comprueba debidamente su veracidad. El fen´meno se encuentra en pleno auge. Refugiados delincuentes, periodistas mentirosos, políticos corruptos. Lo que se presenta como un hecho no es con frecuencia más que una campaña de difamación. Se trata de un juego de perspectivas con el lector; que puede llegar a crear un problema en materia de seguridad, debido a que en muchas ocasiones se alerta a la población con falsas alarmas. El grupo “Mimikama”, de Viena, llega al fondo de las informaciones falsas . Y las corrige.

"Mimikama" 
Andre Wolf, miembro del grupo, describe así el trabajo educativo de Mimikama: “Respondemos únicamente a las consultas de nuestros usuarios. Primero ordenamos cuantitativamente las consultas. Y si ciertos temas aparecen frecuentemente, investigamos la noticia.” Introducen imágenes e informaciones en el motor de búsqueda, y examinan las informaciones por su antigüedad, su origen y su credibilidad. Luego publican los resultados en mimikama.at. La asociación recibe hasta 100 solicitudes por día y publica en ese mismo lapso de 10 a 15 artículos, que contienen la información verificada o rectificada.

Los refugiados: tema delicado 
Desde los ataques de París en noviembre y los acosos sexuales masivos en Colonia en la noche de Año Nuevo, la cantidad de información falsa ha aumentado visiblemente en Alemania. Muchas de esas versiones que no concuerdan con la realidad tienen su origen en grupos de la derecha, que recurren en ocasiones a la mentira con objetivos claros: lanzan campañas de difamación para ganar más a apoyo. Su presencia es nutrida en las redes sociales: en Alemania el NPD (ultraderecha) y la AfD (populista), en conjunto, obtienen la mayoría de “likes” de los partidos políticos en Facebook.

Nuevo modo de comunicar 
Las redes sociales son el medio en el que las noticias se difunden más rápido. La reacción a acontecimientos se produce casi en tiempo real. Por ejemplo, en Twitter, más de la mitad de los “retuits” ocurre en los primeros treinta minutos después del evento.

Los usuarios reaccionan a las noticias en forma refleja y con un comportamiento emocional. En consecuencia, estados de ánimo como la indignación o la duda se propagan muy rápido. El experto en ciencias de la información Bernhard Pörksen se refiere a este fenómeno afirmando que las redes sociales son una “red que actúa de forma nerviosa, que con poca provocación genera mucha reacción”. Así pues, la cultura popular de la red supone un terreno especialmente abonado para la difusión de falsedades.

¿Por qué tanta credibilidad? 
Otro aspecto importante es que las redes sociales solo muestran a un fragmento particular de la realidad que el usuario prefiere ver. No se trata de una visión completa. El sociólogo Jan-Hinrik Schmidt habla de “un público personal”. Los usuarios buscan informaciones que confirman sus expectativas, explica Andre Wolf, de Mimikama.

En ningún otro lugar existen menos obstáculos financieros, técnicos y políticos para hacer oír la opinión que en las redes sociales. La falta de jerarquía y control propician que cualquier persona pueda poner a circular un contenido falso. Se puede tomar partido en una discusión, sin expresar o justificar su opinión, por medio del botón de “compartir”.

Hemos visto que Internet es más proclive a la noticia falsa que otros medios por dos razones: por la accesibilidad, que permite que cualquiera pueda crear un contenido falso, y por la viralidad de la propia red.

16 estupendos videos (spots) por el día de las madres


Desde hace 5 años, cada día de las madres preparamos en este blog un “regalo” para las mamás: una selección de videos (anuncios de marcas comerciales o spots por el día de las madres) que ayudan a valorar más el don de ser mamás y el de tenerlas. Nuestra selección 2016 es la siguiente:

1. Caracol Televisión: la mamá perfecta 


2. Procter and Gamble: gracias mamá 


3. Procter and Gamble: el mejor trabajo del mundo 


viernes, 6 de mayo de 2016

¿Qué le dirías a un hombre blanco que se te pone en frente afirmando ser una mujer china de 1,95 metros?


El Family Policy Institute of Washington publicó un interesante experimento convertido en video: un joven se planta en la Universidad de Washington y comienza a entrevistas a varios estudiantes acerca de temas relacionados con la "identidad de género" (la ideología que postula que no nacemos hombres o mujeres sino que cada quien puede elegir qué sexo tiene). 

El experimento resulta bastante interesante no sólo desde el punto de vista de la reducción al absurdo de la teoría del género en la modalidad práctica que transpiran los entrevistados sino también en cuanto al marcado individualismo convertido en indiferencia al no tener el interés por ayudar al prójimo a conocer la realidad (el argumento más socorrido es: "si no me afecta, no me importa"). El video también muestra la dificultad que tienen los entrevistados de responder al núcleo fundamental de cuestiones verdaderamente importantes. Bien lo subrayan al final: "si no te levantas por nada, caerás ante cualquier cosa".

martes, 3 de mayo de 2016

3 segundos: el terrorífico corto sobre Snapchat


La facilidad con que hoy roban la atención de las personas los estímulos que vienen de las redes sociales bien pueden catalogarse como una especie de incapacidad de concentración. Una de esas redes sociales es snapchat, la cual tiene una penetración bastante marcada entre adolescentes y jóvenes. 

Una productora realizó un video en el que mezcla snapchat con una pizca de terror. Si se trata de ir al fondo del efecto terrorífico podemos decir que se encuentra (en la cotidianidad de tantas jóvenes y chicos) en la posibilidad de robarles su intimidad (tantas veces libremente consentida bajo el pretexto de que "dentro de poco se destruirá", como pensando que la efimeridad implica olvido). El video es éste:

sábado, 30 de abril de 2016

La nacionalización de la basílica de Guadalupe por parte del gobierno en México: la respuesta de la Iglesia


El 13 de abril el blog Actualidad y Análisis publicó un artículo que pronto encontró eco en la prensa: el gobierno mexicano nacionalizaría la "nueva" basílica de Guadalupe en la Ciudad de México, uno de los santuarios católicos más importantes del mundo y el más visitado en cuanto santuario mariano.

Unos días después, el 16 de abril, el Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (SIAME) publicó una interesante respuesta que, por rigor periodístico, reproducimos a continuación haciendo una previa anotación: a pesar de todo lo que refiere el texto del SIAME, ¿es lícito y justo que un país expropie a la Iglesia católica la titularidad de sus bienes simplemente porque unilateralmente lo decidió hace ya muchos años?

***

Basílica nacionalizada 
Guillermo Gazanini Espinoza

En últimos días, la opinión pública manifestó sorpresa y repudio por las notas periodísticas consignando la inminente nacionalización del templo mariano más importante de México. Una notificación, publicada el 28 de octubre de 2015 en el Diario Oficial de la Federación, del inicio del procedimiento administrativo para formalizar la nacionalización del inmueble “denominado Templo Nueva Basílica de Guadalupe, Atrio y Anexos ubicado en Plaza de las Américas” suscitó sospechas, temores, rumores.

Las notas periodísticas pusieron en entredicho la propiedad cuestionando quiénes detentaban la posesión o legítima tenencia de los inmuebles guadalupanos; las expresiones llegaron a la indignación alegando que el gobierno federal actuó arbitrariamente y la Iglesia guardó silencio tramando una sospechosa conjunción de falsos intereses.

Análisis posteriores, en visión sesgada, compararon el procedimiento administrativo como verdadera apropiación del gobierno a la manera de la desamortización juarista de las Leyes de Reforma (Ley de Desamortización de Bienes de la Iglesia y de Corporaciones de 1856 y la Ley de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos de 1859) por el que “entraban al dominio de la nación todos los bienes que el clero secular y regular ha estado administrando con diversos títulos, sea cual fuere la clase de predios derechos y acciones en que consistan, el nombre y aplicación que haya tenido”.

La notificación de octubre, además, prendió las más variadas especulaciones sobre la seguridad de la Iglesia ante “arbitrariedades”, su independencia, el goce de derechos y la protección de su legítimo patrimonio. Otros más dirigieron la atención al preguntar sobre la integridad del ayate de Juan Diego que podría ser, en esas hipótesis, sustraído de Basílica a capricho del gobierno para integrar colecciones de museos o ser objeto de adornos privados en galerías anónimas.

Ciertamente, la visión parcial y lectura sin elementos jurídicos mínimos podrían justificar estos argumentos; sin embargo, e independientemente de los litigios y controversias sobre las partes anexas a Basílica, debe explorarse la legislación en materia de Culto Público y Asociaciones Religiosas además de precisar el concepto de nacionalización y de la naturaleza de los inmuebles para propósitos cultuales.

Lo que suponemos como bienes de la Iglesia, particularmente los destinados al culto, en realidad son patrimonio nacional conforme al artículo 27 de la Constitución de 1917. En 1992, las reformas en materia de personalidad jurídica de las iglesias, dieron un giro sobre la naturaleza de los bienes que esas entidades, ahora Asociaciones Religiosas, pueden tener en propiedad. Los inmuebles construidos hasta antes de 1992 seguían bajo dominio y propiedad de la nación, de pleno derecho y en automático sin mediar procedimiento alguno, como lo determina el artículo décimo séptimo transitorio de la reforma a los artículos 3o, 5o, 24, 27 y 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos publicada el 28 de enero de ese año en el Diario Oficial de la Federación.

La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, normatividad secundaria publicada el 15 de julio de ese año en el Diario Oficial de la Federación, benefició a esas agrupaciones para continuar con la posesión de inmuebles nacionales. El artículo sexto transitorio de esa disposición sólo introdujo la condición de que obtuvieran su personalidad jurídica en el plazo de un año para continuar en el disfrute de bienes federales surgiendo así las entidades matrices y derivadas llamadas Asociaciones Religiosas.

La Basílica de Guadalupe y el atrio son inmuebles custodiados por la Asociación Religiosa. Por lo tanto, la ley los coloca en la situación dicha por la Constitución en la reforma ya comentada. Esos mismos y los muebles, aplicando el principio de que lo accesorio sigue a lo principal, tienen dueño y es la Nación, es decir, la entidad llamada Estados Unidos Mexicanos, registrados, administrados y protegidos por los órganos y dependencias del Poder Ejecutivo como el Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales dependiente de la Secretaría de Función Pública, responsable del Registro Público de la Propiedad Federal donde están debidamente inscritos dotándoles de certeza contra acciones de terceros.

En otro aspecto, la nacionalización implica el registro del patrimonio real en catálogos federales cuyo dueño cierto es el Estado mexicano, no el gobierno, y este es el caso de la nueva Basílica como lugar de culto y de los otros templos que constituyen el conjunto guadalupano que, además, son monumentos históricos regulados por la normatividad particular (La Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos del 6 de mayo de 1972). Por ser de utilidad pública, los bienes nacionales están protegidos contra cualquier forma de enajenación como compraventas o donaciones.

La tilma guadalupana, como bien mueble, tiene un destino cierto. Contra las suposiciones de que esta presunta nacionalización pone en peligro la imagen sagrada siendo blanco de caprichosas pretensiones, se antepone la certeza legal de que tales conductas podrían constituir un delito castigado severamente. La guadalupana es mueble histórico del siglo XVI, ninguna persona tiene propiedad sobre Ella. Si algún servidor, laico o clérigo, quisiera conservarla para sí, sería sujeto de responsabilidad administrativa y penal por la comisión de grave delito federal tipificado como robo de arte sacro, un problema serio que está saqueando el patrimonio de la nación mexicana particularmente en monumentos históricos religiosos sin custodia o protección alguna.

¿Entonces cuál es el problema? ¿Por qué se dice nacionalización de la Basílica y sus anexidades? Es necesario distinguir dos puntos. La publicación de octubre último en el Diario Oficial podría interpretarse en la forma de que la nueva Basílica de Guadalupe necesita concretar su inscripción en el Registro Público de la Propiedad Federal para dar certeza jurídica a quien tiene los derechos reales; sin embargo, el extracto, que es general y podría haber sido objeto de impugnación, se dirige a los “propietarios y/o poseedores de los predios colindantes con el inmueble de origen religioso denominado "Templo Nueva Basílica de Guadalupe, atrio y anexos" ubicado en Plaza de Las Américas números 1 y 2, colonia Villa de Guadalupe, Delegación Gustavo A. Madero, Distrito Federal”

Se trata pues de un predio colindante al atrio de Guadalupe destinado al culto público, propiedad de la nación antes de la reforma de 1992. El defecto de la notificación es no asentar las especificaciones exigidas por los artículos 25 y 26 de la anacrónica Ley de Nacionalización de Bienes, reglamentaria de la fracción II del artículo 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, publicada el 31 de diciembre de 1940 en el Diario Oficial de la Federación que, entre otras, exige la descripción de dimensiones del predio en cuestión.

¿Se trata de la Plaza Mariana? No. Si bien es un gran predio bajo conflictos administrativos, el complejo no es propiedad de Basílica de Guadalupe como AR si se aplican los beneficios de la reforma de 1992 que permite a las Iglesias amasar patrimonio para la consecución de sus fines. Es importante tener en cuenta que el 16 de abril de 2014 fue publicado en la Gaceta Oficial del Distrito Federal un decreto del Jefe de Gobierno por el que se desincorpora de los bienes del dominio público que integran el patrimonio del Distrito Federal, el inmueble colindante con el Atrio de la Basílica de Guadalupe con superficie de 29,534.27 metros cuadrados. Ese decreto benefició a una Asociación Civil, no religiosa, constituida el 28 de abril de 2012 cuyo objeto es la atención de peregrinos y la protección cultural, material e inmaterial del conjunto guadalupano. En ese momento, la desincorporación del patrimonio de la Ciudad de México operó en favor de la persona moral a través de una donación “con el objeto de mejorar la infraestructura de los servicios para el turismo religioso que acude a la Basílica de Guadalupe”.

¿Podríamos hablar de que Plaza Mariana fuera objeto de la publicación de octubre? Es evidente que no ya que el Presidente de la República tendría que promulgar un decreto expropiatorio acabando con la propiedad de los particulares –la Asociación Civil- por causa de utilidad pública mediando, como dice la Ley de Expropiación de 1936, la indemnización correspondiente.

No hay duda de que la mala lectura de la notificación trajo preocupación e incertidumbre a muchos católicos quienes, de buena fe, buscan preservar y cuidar uno de los tesoros más sagrados de nuestra identidad. La correcta interpretación de esta “nacionalización” no pone en peligro ni vulnera derechos de la Iglesia a la luz de la legislación correspondiente. Lo mejor sería que todos estos procesos estuvieran tocados de transparencia para no creer como verdad rumores que suponen contundencia. La Basílica tiene dueño cierto. Es Casa del pueblo de México y de Santa María de Guadalupe, la Mujer del Sí que dice a cada uno “¿Qué hay hijo mío el más pequeño? ¿Qué entristece tu corazón? ¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu Madre?”.

viernes, 29 de abril de 2016

El filósofo católico en vida más importante se pronuncia sobre la Amoris laetitia del Papa Francisco


Es conocido como el "Platón del siglo XXI" y ya eso es indicativo. Sucesor de otro gigante de la filosofía contemporánea, Gadamer, Robert Spaemann fue consejero personal de san Juan Pablo II y amigo de Benedicto XVI. Hoy por hoy es uno de los filósofos más importantes del siglo XXI y el mayor pensador católico en materia filosófica. La edición alemana de Catholic News Agency le entrevistó a raíz de la exhortación apostólica Amoris laetitia de Papa Francisco. A continuación la traducción al español.

***

Profesor Spaemann, usted ha acompañado con su filosofía los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Muchos creyentes hoy en día discuten si la exhortación post-sinodal «Amoris Laetitia» de Francisco puede ser leída en continuidad con las enseñanzas de la Iglesia y de estos papas.

Para la mayor parte del texto es posible, a pesar de que su línea da lugar a conclusiones que pueden no ser compatibles con las enseñanzas de la Iglesia. En cualquier caso, el artículo 305, junto con la nota 351, que establece que los fieles «en una situación objetiva de pecado» pueden ser admitidos a los sacramentos «debido a circunstancias atenuantes» contradice directamente el artículo 84 de la «Familiaris Consortio» de Juan Pablo II.

¿Qué deseaba Juan Pablo II?

Juan Pablo II declara la sexualidad humana «símbolo real de la donación de toda la persona» y «sin ninguna limitación temporal ni de ningún tipo». El artículo 84 dice, entonces, con toda claridad que los divorciados vueltos a casar, si desean acceder a la comunión, deben renunciar a los actos sexuales. Un cambio en la práctica de la administración de los sacramentos por tanto no sería un «desarrollo» de la «Familiaris Consortio», como dijo el cardenal Kasper, sino una ruptura substancial con su enseñanza antropológica y teológica sobre el matrimonio y la sexualidad humana.

miércoles, 27 de abril de 2016

10 temas fundamentales para platicar con calma en pareja antes de casarte


El matrimonio supone la voluntad perpetua de enamorarse todos los días de la misma persona. Los matrimonios perfectos, sin embargo, no existen. Por eso una de las ideas fundamentales que debería estar en la mente de todos los que piensan casarse es que, tarde o temprano, habrá alguna pelea.

Las más de las veces las peleas comienzan por pequeñeces pero poco a poco pueden ir a temas más importantes que, de haberse tratado durante el noviazgo, ahorrarían cicatrices o ayudarían a cerrarlas más pronto.

Hay al menos 10 temas fundamentales que deberían tocarse antes del matrimonio como signo de madurez y previsión a futuro:

1. ¿Cómo solucionaremos nuestros conflictos el día que los tengamos en el matrimonio?

Si ya durante el noviazgo se presentan conflictos, es previsible que durante el matrimonio estos también sigan siendo una realidad. No se trata de buscar cómo pelearse sino de prever el modo de superar los desencuentros. En este campo se puede preguntar también a la otra persona sobre la experiencia que ha tenido en la solución de problemas en el propio hogar. Después de todo, lo primero que se aplica es lo que primero se conoce: ¿cómo solucionaban los problemas en tu casa? Esta pregunta apunta no sólo a cómo superaban los problemas los propios padres sino también entre hermanos, entre padres e hijos en incluso entre amigos. Todo esto puede aportar luz acerca del modo cómo se pueden afrontar las dificultades el día que se presenten en el hogar.